Y debo decir que confío
plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte,
y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago
mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece el
paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento.
Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser."
-Julio Cortázar
Te conocí un cálido
y soleado día de abril, una brisa intentaba refrescar en vano lo cercano que el
mes se encuentra de los calores de mayo. Un día agobiante para conocernos.
Una gota de sudor
surco mi frente, ¿por el calor, por la expectativa? No lo sé... jamás llego
tarde a ningún lado, la puntualidad la tengo tatuada con sangre en mi piel, y sin
embargo estaba muy retrasada para nuestra cita pactada.
Por unos instantes,
nuestras realidades no coincidirían, si las voluntades y las expectativas no
estuvieran allí.
La voluntad impero y
diste la vuelta, después de una espera infructuosa, habías decidido retirarte,
lo que paso y pasa en tu cabeza sigue siendo un misterio, te llame y regresaste.
Después lo que paso,
ha sido una historia de dejavus constantes de ser y no ser, de estar y no
estar, ¿por qué? Son muchas preguntas sin respuesta.
Un enigma desenmarañar
tu personalidad, la tenías disfrazada de mucho bagaje, muchas historias con un
dejo de verdad entretejidas con mucha fantasía, ¿querías tejerte una vida nueva?
Y así sobre una base
quimérica se propuso iniciar un algo, lo que salga, lo que nos saque de nuestras
rutinas, de nuestros demonios, de nuestra inercia, de nuestro caminar por la
vida…
Debo decirte que hubo momentos maravillosos
en que los castillos de colores habitaron mi mente y fueron por un tiempo
reales, ver las estrellas contigo, tan cerca y tan lejos. Todo caminaba a las
maravillas, fui feliz y creí que podía así ser siempre.
Pero la verdad, la maravillosa
verdad se cuela siempre y prevalece, se abre paso abruptamente como el agua en
un rio, en una cascada, y lo que se es, es. Y se da a conocer.
La realidad, la verdad, las
circunstancias hicieron polvo fino los castillos de arena, sin embargo mereció
la pena… mereció la pena compartir confidencias contigo, abrazos, besos, deseo…
Recordare por siempre tu forma de
caminar, de mirarme, como nos reíamos juntos por las cosas más tontas…
simplemente porque tú y yo en esos momentos éramos felices.
La vida me hizo un regalo,
conocerte y quererte, no me hace falta más. No quiero ni voy a lamentarme. El simple hecho de haber vivido contigo una
pequeña parte de mi vida me es suficiente para sentirme afortunada.
No voy a llorar porque ya no
estés, me hiciste feliz. Tú me hiciste volver a creer en el la vida, en la
complicidad, en los ratos alegres.
Tú me hiciste volver a creer en
la perfecta combinación de dos seres imperfectos. Aunque me hubiese gustado
seguir caminando de tu lado pero un lado real y sincero, no así.
Tus decisiones y tus metas tan
extrañas pero ya no incógnitas para mí no checan conmigo. Solo sé que no son
las mías.
Ya nunca más te veré, y no me
importa. Tu recuerdo seguirá viviendo en mí para siempre. Sé que ya aparecieron
otros amores, y yo desde siempre me aparto pues lo único que deseo es que seas
feliz y aprendas de tus errores.
La vida tiene la habilidad de
sorprenderte sin que te des cuenta. También puede que el amor no vuelva a
llamar a mi puerta… realmente ¿quién puede saber esto?
Pero ocurra lo que ocurra,
siempre tendrás un lugar en mi corazón.

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